jueves, diciembre 27, 2007

Lecciones ocultas.

Busqué el curso por espacio de seis meses, pero todos los que encontraba eran en horarios que no me acomodaban, yo quería uno a mi gusto y en mis horas. Luego, un domingo en la feria del libro encontré el stand que me llevaría al tan ansiado curso de fotografía para caprichosas y demás personas con horarios complicados.
Durante tres meses he pasado mis tardes en coyoacán aprendiendo los secretos de la luz y de las sombras y a principios de diciembre, la miss de foto decidió que era tiempo de sacar a sus polluelos a fotografiar el mundo real.
Nos dijo que iríamos a los Dinamos. Yo esperaba retratar árboles. En realidad, fuimos al otro lado de los Dinamos, a las barrancas en la delegación Margdalena Contreras, a una auténtica zona marginada en donde ni siquiera llega la Coca-Cola, que llega a todos los lugares. Ahi, se toma Red Cola. Nos dividimos en los carros y emprendimos la subida a lo que parecía un municipio independiente y está apenas a 15 minutos de San Jerónimo.

El lugar se llama "Rancho Pachita". Todos nos sorprendimos de que ese fuera el sitio, pero igual comenzamos a caminar. Mi cámara es automática, así que mi primer rollo fue "invertido" en descubrir como controlar el exposímetro y la velocidad al mismo tiempo. Una cuarta parte del segundo se me fue en descubrir como hacer para que el obturador disparara con un solo toque, una vez descubierta la magia, pude disfrutar.

Y subimos.



Y seguimos subiendo.

Debimos toparnos con un promedio de 3 perros por cada persona. La gente, al parecer acostumbrada a la presencia de grupos de inquietos con cámaras posaban gentiles y luego nos pedían que les lleváramos las fotos, porque nunca han tenido nada de eso por allá.

Resulta increible ver lo poco que es realmente necesario para vivir: una casa que soporte en lo posible el temperamento climático, un fragmento de jardín en donde criar gallinas o cerdos o plantar algunas semillas para auto-consumo y listo. Hay problemas, enfermedades, miseria, sin embargo las perspectivas cambian cuando no se trata de que el disco duro del ipod murió sino de no tener agua limpia. Cosas realmente importantes. Y te sientes ridículo y también agradecido.



El de arriba es mi grupo. El señor con el sombrero, se llama Luis y tiene 64 años, cuando me dijo su edad me sorprendió, mi papá tiene apenas 3 años menos que él pero pareciera que fueran 10. Cuando bajamos literalmente del cerro e íbamos ahora sí rumbo a los dinamos para comer, me contó que esa era la primera vez en su vida que hacía algo como eso: salirse de su casa para hacer algo totalmente nuevo en un lugar desconocido. Yo casi lloro. Luego añadió que el año que viene complirá 40 años de casado y 12 de no dirigirle la palabra a su esposa. Y entonces sí se me salieron mis lagrimitas, pero poquitas y discretas para que no se diera cuenta.

12 años de no hablarle a alguien con quien vives, ¿cómo se puede llegar a ese nivel?. Cuando se lo pregunté me dijo que dejaron de crecer juntos y cuando se dieron cuenta, ya los caminos se habían separado mucho como para volverse a encontrar. Me senti triste pero de nuevo agradecida. Estoy convencida de que de allá arriba me mandan mensajes y mi único deber para con eso es estar antenta para poder entenderlos. En ese momento me dejé de azotar por no tener pareja y por pasar las fiestas sola y blah, blah, blah. Mejor sola que ser el bulto en la vida de alguien.

El lunes estaba molida, con algunos moretones, bastante adolorida pero muy feliz. Serena. Asimilando de verdad que hay un número muy grande de cosas que puedo hacer antes de declararme discapacitada para disfrutar de la vida.

El sábado siguiente entramos al laboratorio de revelado. Le presté a una compañera que no llevaba un par de los mios. Los veló.

AGGGGGGGGGGHHHHHHHHH

Sí.

Los veló.

Acuse de recibo: hay que seguir trabajando en el apego. Y también hay que agarrar bien la cámara para que no salga movida la foto.

Menos mal que tenía 3 rollos más. Ya tengo los negativos, entrando el año aprenderé impresión y entonces cumpliré mis promesas de regalo de mis primicias fotográficas.

El sábado siguiente fui a la fiesta de Dul y el domingo de nuevo a la calle con Lupis Trupis. Destino: Tepoztlan. Ambos reconstruyendo recuerdos. Compartiendo la oración.

Me llevé mi cámara para reponer con nuevas imágenes las perdidas con otro lugar y otros momentos. Tomé la cerveza más deliciosa....aunque claro, yo no tomo cerveza, pero esa me supo a gloria y para no dejar escapar el año sin hacer algo completamente nuevo en un lugar no conocido, comí chapulines.

Dos. A la salud de Luis.

Para que el año que viene no deje de sorprendernos.

4 comentarios:

Skantor dijo...

Pues si, tienes toda la razón, cuando eres pobre valoras mucho más las cosas, creeme que yo sé lo que es eso. Que chido que conoces lugares nuevos, hay tantas cosas del df que no se conocen como los poblados de Tlahuac y eso. Yo nunca juzgaria a una persona por su fisico o posesiones, lo que importa es como siempre, lo de adentro

caracol dijo...

hola. te he visitado varias veces. este post me gustó mucho. me gustó como describes lo que ves, tus fotos han de ser intersantes... cuando no se velan... saludos!

Darth Tater dijo...

Hola,
Primera vez en tu blog y este post me encantó. Te felicito. Ojalá postearas más fotos...!
P.D. Feliz Año 2008

Gerardo Tello dijo...

Hola Anita

¡Qué bien que das vuelo a tus aficiones!

Es claro que cada vez das un paso adelante, desde que empezaste a publicar me han parecido muy buenas tus fotos, no olvido los coloridos rehiletes y los impresionantes granizo-tototes, mucho menos el señor del sombrero.

Te felicito por tus logros y deseo que tengas muchos más. Feliz 2008.