lunes, noviembre 14, 2005

Intermedio

Este no es el mensaje que quiero escribir, todavía estoy débil como para hacerlo, sin embargo, también lo quise dejar por escrito, porque mañana cuando lo lea sabré que el tema está un poquito más trascendido.

El sabado luego de trabajar por hora y media en lo que espero sea mi diez en el examen de estadística, llegue a la casa, boté todo y me fui a la cita con miss Yolanda, mi experta personal en tratamientos holísticos, con quien ya tenía agendado un masaje.
Me dió la bienvenida en su casa, muy amable como siempre, me pidió que me desnudara y me metio dentro del temazcal. Conocedora como es de las barreras personales y el lenguaje corporal me dejó hablar sobre lo pesada que estuvo mi semana y las tareas y la escuela y luego, de forma igual gentil y cuidadosa me hizo entender que era momento de soltar el escudo y la lanza y guardar silencio, porque en ese momento estaba usando el ruido como defensa y con ella no habia nada que de forma deliberada quisera dañarme. Me callé.
Y claro...reanudé el llanto, que comenzó el jueves en la tarde y alcanzó su punto más alto el viernes en la madrugada, tanto que tuve que llamar a mi querido Lupis Trupis, quien tuvo a bien aguantar mi dolida y moqueada narración del estado de las cosas.
Mientras estaba en el temazcal entre el aroma del sándalo y otras escencias mis ojos y todo mi cuerpo hicieron agua las penas y cuando sali y me acomodé en la mesa de masajes, mientras miss Yolanda me unguia el pie con aceite y masajeaba al centro de la planta , me decía: tienes los nervios hechos nudos y el corazón muy lastimado.
Prendió entonces una vela, me roció con escencias y cambió la serenata luz de luna de Beethoven que me estaba haciendo llorar más por una melodía de aves y sonidos ambientales boscosos. Entonces trabajó en mis piernas y cadera, mi espalda y mi cuello, mi vientre y mi columna, mi estómago y mis manos, hasta que me arropó y por un momento estuve en ese bosque que estaba escuchando, sentada en una piedra y mirándome a mí misma ... no hacia adentro, sino enfrente de mi, con otra yo que no era yo pero que también es una expresión mia.
Regresé y me vestí. Y platicamos de Carl Sagan, París y Sevilla, la virgen de Guadalupe, San Agustín y su concubina. Como siempre me agradeció el que fuera un alma tan sensible y que le enseñara cosas nuevas con mi conversación, yo salí más ligera y en el cielo ví brillar muy fuerte a Marte.
Agradecí la capacidad de sentir así de intenso. Respiré profundo y me fuí a cenar con mi Papá.

1 comentarios:

Bombom Malvado dijo...

Lo dicho, eres fantástica en esto de poner el alma en letras