lunes, junio 12, 2006

La segunda ley de Newton o “Entre más me jodas más rápido me largo”.

“La fuerza que actúa sobre un cuerpo es directamente proporcional al producto de su masa y su aceleración.”
Isaac Newton, 1687.

- ¿Harías el amor conmigo?
- Sí.

Se escucharon trompetas en el cielo, los ángeles rompieron sus siete sellos, Pandora abrió su cajita y si bien ella no lo sabía aún, inició su camino de salida de esa empresa.

Tampoco es como si haya dicho que sí así nomás a la primera. Entre ella y el proponente había antecedentes de mensajitos por celular a deshoras, apoyo emocional en el periodo de pelea y la posterior separación de la pareja de éste, disposición, buen ánimo y oídos y cabeza dispuestos a escuchar. Me cuenta que él escribe y lo hace bien. Tiene la personalidad de quien se sabe atractivo, el caminar de hombre seguro de sí mismo, actitud de impenetrable: “no dejaré que nada de lo que hagas me afecte”, carismático, atento y muy a pesar de sus esfuerzos, sensible. Conociéndola un poco, puedo decir que en general, su interés en un hombre es primero intelectual y luego físico. El amor le llega antes al cerebro y luego a los ojos. Con él fue simultáneo, el tipo es guapo y lo sabe, además, le entra al conflicto existencial y no desperdicia las neuronas ¡que maravilla! Le gustaba y mucho y por lo que me cuenta, por un momento pensó que ella también le gustaba a él.

Ese día en que dio el sí, se dio cuenta demasiado tarde (como medio segundo muy tarde) del error que cometió al aceptar que haría el amor con él, para cuando se quiso rescatar (otro medio segundo después) él se salió por la tangente y argumentó estar haciendo una especie de investigación de campo acerca de qué tan difíciles son las relaciones interpersonales.Y con eso se cerraba el tema. Perdida estaba, no había más que hacer.

Días después él volvió a casa con su pareja y decidió añadir aventura a sus días iniciando una relación al margen con una compañera de su maestría y probando a tocar el fuego coqueteando con un par de chicas dentro de la oficina. Ella, expuesta y ridícula, se retrajo. Se sentía burlada, traicionada, dejada como reserva para los días en los que se requiere “la opinión inteligente de una amiga interesante”. Estaba llena de dolor y vergüenza, confundida, ¿había captado mal las señales? ¿se habían burlando de ella?¿o es que era tan tonta que no pudo diferenciar el coqueteo sin malas intenciones de EL COQUETEO?

Cada que podía me preguntaba, la pobre: ¿no enloquecí? ¿encima de todo, me estoy imaginando cosas? Yo, que tengo tanta experiencia como ella (o sea, más bien nada) no alcanzaba a confortarla en su conflicto, para mi eran tan claras las señales como para ella lo fueron, but then again… no me caracterizo por ser especialmente brillante en lo que a relaciones personales se refiere.

No se podía articular, me consta que esas semanas en la oficina le fueron terribles, todo en ella daba fe de cómo se sentía. Obvio, todos resintieron su cambio de actitud, sobre todo él, quien preguntaba la razón de su tristeza, misma que no se atrevía a explicar, ya había sentido suficiente rechazo implícito como para que ahora se lo hicieran evidente. Con todo, armada de valor (o de terror, que en su caso es tan buen impulsor como el primero) terminó por darle luz y un día antes de navidad le explicó: “me siento así por ti, porque pensé que estabas interesado en mí, pero ya veo que no. Y ahora que lo entiendo no hay problema, en cualquier momento vuelvo a ser políticamente correcta”.

Fui testigo de como luego de haber confesado se sintió como el pípila el 17 de septiembre: adolorida pero libre al fin del peso de la piedra que traía a cuestas. Supo de cierto que en adelante todo tendría que estar mejor, lo difícil ya había pasado. ¡La inocente! De cuando en cuando todavía se sorprende de seguir funcional y medio optimista después de que su creencia de que, como ella, la gente piensa lo que dice y dice lo que piensa, le regresa un golpe directo a la cara que la deja tumbada en el suelo preguntándose :¿qué no éramos todos adultos y congruentes? ¿en qué me perdí?.

Se aplicó e hizo un trabajo de “validación masculina” y a todo aquel hombre al que le tiene confianza, le contó y mostró registros escritos de las conversaciones que alguna vez tuvieron, con el fin de saber si efectivamente entendió bien o una de las 25 voces de su cabeza le había mentido. Cinco de cinco dijeron que habrían traducido el mensaje de igual forma.La señales eran de “me gustas” así que nada de que “yo te lo juro que yo no fui”.

Él dejó de hablarle, ella procuraba no confrontarlo ni con la mirada y con su mayor esfuerzo trataba de aplicar la de “aquí no pasó nada”. Entonces comenzó la hostilidad encubierta, hasta que progresivamente llegó a agresión directa. Un día, él le reclamó haber contestado el teléfono y decir que no estaba, como si lo que hubiera dicho fue: “el huevón hace un mes que no se para a trabajar por aquí”. Días después fue citada temprano en la mañana para ser regañada porque “su actitud” estaba poniendo en peligro la continuidad del proyecto (o sea, resulta que la chava es omnipotente), la forma en la que lo miraba y le respondía era una falta de respeto y toda ella era una insolente (en esto último, tengo que decir, no podría defenderla). Nuevamente me cuestionó si lo que él le decía era verdad, yo sólo atiné a llamar su atención en como todo aquello que en un tiempo le atrajo (¡me encanta tu forma de ser!) ahora le resultaba insultante. Todo ese día no pudo parar de llorar, vamos, era anatómicamente imposible que se detuviera, algo le sucedió a sus lagrimales que una vez que comenzaron a producir lágrimas no se detuvieron hasta ya bien entrada la noche (justo a tiempo, antes de llegar a su casa y tener que explicar por qué traía cara de gárgola).

Ese día, su esperanza de que alguna vez las cosas regresaran a un estado de relativa “normalidad” se vio sacudida. Empezó a considerar que tal vez, lo más conveniente para su carrera y su salud mental era buscar otro trabajo.

Pero, como explicarles, ella es más bien necia. Ante evidencia que para cualquier otro es un grito de “rescata lo que puedas y huye de ahí”, históricamente ha preferido creer que el otro recapacitará y atravesarán juntos un proceso de saneamiento del cual saldrán al menos con la capacidad de ser honestamente diplomáticos el uno con el otro. Ni modo, uno no entiende hasta que entiende.

Comenzó a buscar trabajo y fue a un par de entrevistas sin mucha suerte, causalmente (y no casualmente) en esos días se reencontró con una antigua y muy importante historia de su vida que la invitaba a trabajar a su lado. Se resistió, entre el orgullo y la esperanza todavía no se sentía lista para abandonar el barco. Hasta que llegó el día en que él le reclamó no quedarse a trabajar las 8 horas establecidas en el contrato, porque el hecho de que siempre terminara su trabajo con anticipación y además lo hiciera en la computadora que ella misma compró es una cosa y lo especificado en el contrato otra. La hora nalga es la hora nalga. En ese momento le quedo perfectamente claro que no había manera de arreglar medianamente la situación. La alfombra roja estaba puesta y era hora de que Elvis abandonara el edificio.

Los planetas se alinearon y cuando le informaron de una pausa en el proyecto en el cual trabajaba, presentó su renuncia. Sin 15 días de aviso, sin tiempo de darle un adiós decente a las personas que todavía le importaban, sin duelo ni comida de despedida. No dejó ninguna deuda laboral. Entregó todos los pendientes que para esa semana tenía asignados, tomó sus chacharítas y se fue.

Ahora donde está sigue trabajando en la readaptación, le echa ganas, cuando juntas revisamos los pasos dados casi siempre descubrimos recursos que ni ella ni yo sabíamos que tenía y que ahora usa con relativa facilidad y frecuencia.

Naturalmente, hay días en que me confiesa sentirse nostálgica, aunque no arrepentida. Algo que tengo que reconocerle es que, a pesar de que puede tardarse mucho en tomar una decisión, una vez que lo ha hecho no hay razón ni discurso que la hagan desistir, después de todo, como buena paranoica ya invirtió una buena cantidad de tiempo en analizar todas las posibles consecuencias de la gama de opciones que se le presentan.

Afortunadamente, no por el hecho de que sea controladora puede, efectivamente, controlar todo. Así, la vida no deja de sorprenderla. Y a mi también.

No voy a llorar y decir que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco pero no lo quiero
por eso me voy....

Me voy.
Julieta Venegas.

miércoles, mayo 31, 2006

Respirando un aire nuevo.

En la medida de lo posible evito las preguntas al respecto, me hacen sentir incómoda porque no puedo dar una respuesta contundente, cierta, y en mi vida, las certezas y los absolutos llegan a ser tan necesarios como el aire, entenderán entonces que a veces sufro de pequeños periodos en los que no tengo nada para respirar y me ahogo.

¿Cómo podría describir el ansia que me acosaba hasta que finalmente decidí hacerme cargo de ella? Dejar de ignorarla y comenzar a nutrirla, venciendo el miedo que esa acción implica. ¿Qué tal si esto tampoco llena el vacío? ¿me equivoqué en la elección? ¿ mi expectativa es irreal? ¿cómo explicarle a quien le interesa conocer mis motivos si ni yo misma me los puedo explicar del todo ?

Pero me gusta mientras estoy ahí, hasta que recuerdo nuevamente que tomé una decisión poco tradicional y como todo lo que no es tradicional, es un tanto solitario.

Generalmente cuando pienso en la posibilidad de que me llegue el momento de tomar una decisión, siento miedo, pánico de hecho. Pero el viernes no fue así.

Al final de una complicada semana de trabajo, luego de terminar una llamada en la que me informaban de una reasignación temporal a otro proyecto, por primera vez, desde que inicié hace ya casi un año mi otro camino, sentí alivio, no pánico, ni huecos en el estómago, creo que incluso experimenté la sensación de esperanza por saber que eventualmente, si sigo como voy, en un par de años tendré la opción de detenerme y empezar a hacer algo completamente diferente….Entonces respiré.

viernes, mayo 05, 2006

Los brassieres perdidos de Dios

¿Alguna vez se han preguntado de quién son esas prendas de ropa que frecuentemente se encuentran en la calle pero sobre todo en las vías rápidas y por qué están ahí tan lejos para siempre de la piel a la cual cubrían?

Me ha tocado ver pedazos de perro, gatos, ratas y ahora que trabajo en provincia donde hay cosas tan raras como atoles de guayaba con auténtica guayaba; he visto la cola de lo que al parecer era un mapache y medio cuerpo de un huron.

Antier vi una bonita pieza de lencería negra con dorado abandonada a su suerte en los carriles centrales de churubusco. ¿Cuál era la historia de ese brassiere? ¿Acaso su dueña harta del tráfico decidió despojarse de él como protesta por el calor y la impotencia de no avanzar ni medio metro? ¿era de alguna representante femenina de los 400 pueblos que al grito de guerra : “pueblos y senos oprimidos nunca más” lo dejó como señal de su protesta? ¿de alguna novia cumpliendo la misión de todo buen copiloto que consiste en motivar al conductor y hacer ameno el trayecto? ¿la prueba fidedigna de la habilidad de algún anónimo en el fino arte de desnudar a otro? ¿el grito desesperado de una chica que estaba siendo violada en la parte trasera de una camioneta? ¿la elección hecha entre :te callas o tiro tu brassiere? ¿ahora que me hiceron la mastectomía no te necesito más? ¿aquí estuvo Martha Sahugun y su caravana de garritas pa’ regalar? ¿si no le sirvo a Sabrina mi vida como brassiere no tiene sentido? ¿ahorita no tengo cambio pero te doy mi brassiere? ¿mi brassiere por un caballo? ¿en sus marcas, listas, fuera?...

¿A ustedes qué les cuenta la imaginación?

lunes, abril 03, 2006

La primera Ley de Newton













"Todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento uniforme en línea recta, a menos que sea forzado a cambiar ese estado por fuerzas que actúan sobre él. " Isaac Newton. 1687.


Soy un cuerpo, soy materia, tengo una cierta cantidad de masa (en realidad más de la que quisiera) y ocupo un lugar en el espacio. Orbito dentro de mi propio sistema, en general bajo mis propias leyes y alrededor del sol de mi elección.

A lo largo de mi viaje interestelar, por periodos casi siempre cortos me he dejado atraer por la gravedad y he reducido la distancia interplanetaria con otros cuerpos, de mayor densidad, más antiguos, algunos tan bellos en apariencia y tan tóxicos como Venus. Durante una temporada transité a su lado y fui su satélite, aprendiendo, disfrutando y luego, ante el peligro de entrar en una órbita de colisión, reestableciendo la distancia original que nos separaba.

De mucho tiempo atrás mis cielos son visitados por un cometa, de composición compleja e interesante. En diversas ocasiones, dicho cuerpo celeste había manifestado su intención de permanecer de forma permanente en mi espacio, aunque siempre terminaba seducido por la posibilidad de realizar una trayectoria más al sistema, de conocer otros planetas. Volvería una vez terminados los compromisos galácticos previamente establecidos. Y yo esperaba. Hacia ya varios años luz que me mantenía así. Durante el lapso de la última espera, me vi deslumbrada por el brillo de lo que creí era una estrella y cuando descubrí que sólo era una luna sin luz propia que permitía que su lado oscuro fuera progresivamente más grande que el iluminado, me sentí profundamente erosionada, busqué en mi horizonte el brillo de mi cometa, pero él no estaba ahí y aunque lo llamé, no llegó.

Todavía golpeada por la sombra de la luna, mi falsa estrella, bombardeada por sus meteoritos, decidí fugarme momentáneamente y visitar otras regiones, el universo es tan extenso que la insistencia en quedarse en una galaxia determinada a veces resulta blasfema. Así lo encontré.

Con una exploración superficial noté la existencia de algunos elementos presentes en mi composición, la comunicación se estableció de forma casi inmediata. No fue sino hasta la primera visita formal que me topé con una parte de la superficie de ese otro cuerpo prácticamente desconocido que me reflejaba. También está a la espera de su cometa. Ese reflejo inevitablemente me llevó a la reflexión. Las preguntas que inicialmente estaban todas dirigidas hacia él, me las terminé haciendo a mi misma.

No hay nada tan cómodo, tan lleno de confort como el dejarse llevar por la fuerza de la inercia. Aun así, llega el momento en que esa constancia se transforma en una rutina que eventualmente llega al hastío y uno se cuestiona por qué se tendría que conformar con más de lo mismo. ¿Por qué esperar?, ¿Por qué establecer el mismo tipo de relación cuando el propósito inicial era tener algo distinto? Nada hay tan difícil como el vencer la propia resistencia, pero ya lo decidí. Los cometas, seguro, volverán. Sin embargo ahora que he descubierto su espejo como una fuerza que actúa sobre mí, procedo quizá lenta pero resueltamente, a moverme.

And I know, I know, I know
Part of me says let it go, that life happens for a reason
But I don't, I don't, I don't
Cause it never worked before
But this time, this time
I'm gonna try anything to just feel better

Just feel better. Santana.